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martes, 12 de abril de 2011

Cuento "El Prodigio" - Capítulo III - Parte 2

por Azrael

El Prodigio

Capítulo III – Parte 2

Cuando estaba ya el crepúsculo en el cielo, la feliz pareja decidió volver. Estaban camino al castillo, cuando un enorme dragón negro apareció en los cielos. Selene le dijo a Sachiel que corrieran para salvar sus vidas, pero él, intentando protegerla, se negó a huir y le pidió que ella corriera a ponerse a salvo en el castillo, mientras él combatía al dragón. Ella no quiso huir y siguió insistiendo, pero Sachiel y el dragón ya estaban en pleno combate. El animal arrojaba fuego por doquier en su afán de derrotar al mago; todo lo que encontraba a su paso quedaba hecho cenizas. Sachiel se protegía con su vara, formando con su escudo de energía lumínica, una luz que enceguecía al dragón e iluminaba todo alrededor como si fuera de día. No obstante, Sachiel se defendía más de lo que atacaba, y seguía pidiéndole a gritos a Selene que corriera al castillo a refugiarse, ya que el dragón empezaría con él y luego, seguramente, seguiría con el castillo. Sachiel no se lo decía a ella, pero sus reservas de energía estaban mermando y temía que si Selene no se refugiaba en el castillo y avisaba a sus padres, todo el reino quedara reducido a cenizas. Ella se refugió detrás del tronco de un árbol cercano para que Sachiel creyera que se había ido y, desde allí, vio la escena más triste que había visto jamás. El escudo de energía de luz que protegía a Sachiel cedió, y el enorme dragón negro aprovechó para tumbar de un potentísimo  zarpazo al mago. Con una herida de muerte en su pecho, Sachiel estaba agonizando. El dragón, al ver así a su rival, levantó la vista y fijó sus ojos en el castillo, adonde se dirigió raudamente. Selene salió de detrás del árbol desde donde había estado observando (y sufriendo) toda la encarnizada lucha. Tomó entre sus brazos a Sachiel, quien le sonrió, lleno de amor, a pesar de la herida mortal que le había infringido la oscura criatura. Selene lloraba sin cesar y sus lágrimas bañaban el pecho de Sachiel; ella le pedía que no se fuera, que no quería volver a estar sola en el mundo, que quería vivir para siempre con él fuese donde fuese. Sachiel le dijo que ya estaba por irse de este mundo, y estaba por volver a ese lugar tan precioso de donde había venido una vez para proteger a los seres de este mundo. Le dijo a Selene que ya no había nada que hacer por él, que ella había significado todo en su vida desde el momento en que la había conocido y que le hubiera encantado que ella hubiese sido su eterna compañera. Le dijo que la amaba mucho y eternamente la amaría estuviese donde estuviese, pues el amor trasciende la muerte física cuando es puro e incondicional, características del amor verdadero. Finalmente, Sachiel expiró en brazos de Selene. Ella no podía dejar de llorar con marcado y verdadero sentimiento, apoyando su cara sobre el pecho del ya fallecido mago.


 

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