Año 7 - Ejemplar Nº 50 - Mayo de 2016



De alguna forma hay que decirlo y expresarlo cuando la bronca y el enojo nos provocan un gran descontrol.
Aquel que se conoce a sí mismo, trata de incentivar en los otros el deseo profundo del espíritu interno, de cada uno de ellos.
Mito o realidad, pero así parece ser que es.
Una de las formas de representar al cosmos en su manifestación completa es la imagen del Águila. Su vuelo es el devenir mismo del universo y su cualidad de cazadora es su modus operandi. Cada conciencia de este universo entra en una relación respecto del Águila de cazador-presa. Detrás de todas las posibilidades políticas y metafísicas que tiene este universo, se oculta esta relación. Pero ésta sólo se alimenta de la parte externa de la conciencia, absorbe las experiencias que el ser tiene en los planos más densos de la realidad. En los planos menos reales de este macrocosmos.
Muchas son las veces que escucho y oigo hablar en reuniones o en conversaciones por la calle, cuando se refieren a un conflicto de gran dureza, de que todo es o esa situación es un Karma a vivir o superar; y asimismo vengo notando que es la única palabra que existe en boca de todos y que, la acción, por llamarlo de alguna forma, es que sólo estamos para “pagar" o "saldar” ese karma o varios más, o que tal o cuál cuestión que nos toca vivir es un “karma".
Pocos días después, aún faltando para llegar a Egipto, fue como retroceder en el tiempo miles de años atrás, por lugares donde alguna vez pasaron; sólo que esta vez no habían huido de ningún faraón, ni Moisés estaba para separar las aguas del mar Rojo. En esta oportunidad, lo cruzaron en pequeñas barcazas o algo similar; así llegaron a una nueva tierra donde dieran origen a la Iglesia de el Cristo.