por Zedekiel


Últimamente vengo observando en todos los ámbitos el buen y mal uso, sobre todo esto último, del adjetivo “conspiración, conspirador o conspiradores”.


Muchas veces, cientos, montones, miles de veces, a lo largo de mi vida he oído la frase, que lleva por título esta nota; a lo cual invito a todo aquél que la lea a una profunda reflexión.
El aura es la luz que irradia el alma. La tonalidad cromática que puede llegar a captar la visión sutil varía de persona a persona, pues los colores cambian según el nivel consciente de cada uno. No todos tenemos las mismas tonalidades, pues cada cual irradia cosas diferentes. Pero en general, las personas que están en paz consigo mismas y viven de acuerdo a sus ideales, irradian colores claros y luminosos. En cambio, aquellos que no están en paz consigo mismos y que en su cotidianeidad son arrastrados por demonios sombríos, se ven como cáscaras grises opacas y sin brillo. Y existen también los innumerables matices intermedios entre estos dos polos opuestos. Dentro del código de colores primarios, el nivel consciente más bajo se corresponde con un marrón rojizo semejante a la tierra, y el nivel más alto a un violeta brillante semejante a un cielo diáfano.
La rueda del Samsara gira incesantemente.
Difícilmente en “astrología espiritual” haya una interpretación que no deje de ser difícil o bien pueda ser fácil; rotundamente no existe; lo que sí puede ser factible es que, el astrólogo que la interprete, la desarrolle un poco más llevadera, ¿no es cierto?...